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  • Psic. Julia Borbolla

Vacaciones: Oportunidad para ir llenando nuestra alcancía de buenos recuerdos

Haz una pequeña encuesta entre tus amigos y conocidos, no importa la edad que tengan o su situación económica. Pregúntales por un bonito recuerdo de su infancia y confirmarás que la mayoría de ellos sucedieron en época de vacaciones. No necesariamente por la haber ido a la playa o a la montaña; sino porque no hay prisas ni presiones, estas rodeado de los que amas y puedes darte el lujo de tomarte un helado mirando el paisaje o simplemente balancear tus pies en una banca como hacía mucho no lo hacías. En vacaciones te descubres entreteniéndote con la trayectoria de una hoja con el viento o el recorrido de una hormiga con su cargamento a cuestas. ¿Cuándo se tiene tiempo de hacer estas cosas? ¿Cuándo podemos disponer de 30 minutos para “perderlos” de esa manera? Precisamente en vacaciones familiares.


Sin embargo, es cierto también que en muchos casos, estos periodos de intensa convivencia sacan a la luz conflictos, rivalidades y luchas de poder entre los hermanos y también entre las parejas y lejos de ser una alcancía de buenos recuerdos, las vacaciones pueden convertirse en una verdadera pesadilla. Cada quien tiene su idea personal de lo que es una vacación ideal y busca que se haga lo que él o ella quieren. Papá se lleva todos los libros que no ha podido leer, su caja de acuarelas para cuando tenga un ratito de inspiración, y el teléfono de dos amigos del alma para organizar una cena que ya se esta saboreando. Mamá, le ruega a Dios que su esposo pierda esos teléfonos porque las esposas de los amigos son insoportables y espera, por el contrario ver el atardecer románticamente, y ponerse al fin esa milagrosa mascarilla mientras los niños se entretienen solitos jugando.

¿Qué vamos a hacer? ¡Estamos aburridos!”. Es la cantaleta que persigue a papá y mamá desde las primeras horas de la mañana. ¿Ya podemos salir a la alberca? “Papá, prometiste que jugaríamos” Los niños quieren que sus papás se diviertan con lo que a ellos les entusiasma y no entienden que chiste puede tener pasar las vacaciones durmiendo de más!


¿A quien se le debe dar gusto entonces?

Las vacaciones deben ser de los niños. No me refiero exclusivamente a los niños en edad sino a tu niño interior que necesita liberarse del saco y la corbata, de la computadora y el volante del coche y dedicarse a ¡vivir de verdad!


Cuando los papás, hartos del hostigamiento infantil terminan por dejar a un lado sus propios “itinerarios” para hacerse cargo del aburrimiento de sus latosos hijos; podemos decir que empieza a llenarse la alcancía de buenos recuerdos para toda la familia.

Es entonces cuando la magia surge y las vacaciones empiezan a dar fruto verdadero. Es entonces cuando papá y mamá dejan a un lado lo “urgente” para ocuparse de lo “importante” a pesar de que en ese momento no lo vean de esa forma.


Las acuarelas y la mascarilla de aguacate siguen empacadas, los libros ni siquiera se han abierto; sin embargo papá esta sentado en el piso, tratando de armar el rompecabezas junto con dos o tres niños a los que lo único que les divierte es el hecho de que él comparta con ellos esos momentos.


Cuando mamá cae en cuenta que se le fue toda la tarde con los hijos y no ha hecho nada de lo que planeaba es precisamente cuando esta cumplido los verdaderos planes de vida y trascendencia.


Somos nosotros, los padres, quienes sembramos los mejores recuerdos que atesorarán nuestros hijos cuando sean adultos. Somos nosotros los que le damos un significado especial a unas burbujas de jabón o a un pastel que ni siquiera subió bien en el horno. Somos los padres los que le podemos dar un gran valor a un dibujo e inyectarle toda la emoción a un simple juego de lotería y de paso descubrirnos divertido como hacía mucho no pasaba.


Los papás y las mamás tenemos el poder de hacer importante lo más insignificante y dejar grabada en la memoria de nuestros hijos momentos felices que alimentarán sus ánimos cuando las cosas no vayan bien. Es por esto que las vacaciones son tiempo de invertir en el alma de nuestros hijos.


Por muy ocupado que estés, por muy agobiado que te encuentres, recuerda que 20 minutos contando un cuento o tan solo 10 jugando canicas, pueden significar la mejor inversión de tu vida que será una herencia para ellos que nunca se gasta.


Aprovecha estas vacaciones para hacer cosas sencillas que construirán los mejores recuerdos de la infancia de tus hijos.


Aquí te sugiero 10 actividades que no te llevarán más que unos minutos de tu tiempo y permanecerán en la memoria de tus pequeños como eventos importantes.


Todo es cuestión de recordar que, para la vida de tus hijos tu eres lo más importante. Mucho más que lo que puedes llegar a ser en tu trabajo o con otras personas que te rodean.


1.-Jueguen un juego de mesa.

Un juego ágil y no muy tardado que les haga pasar 10, 20 minutos alegres. Una simple lotería o submarino. Es importante que les aclares desde el principio cuantos tiros serán o cuanto durará el juego para que no insistan en seguir y te presionen. Esto podría arruinar el momento y ser contraproducente. Cuando los niños la pasan bien con mamá o papá, nunca querrán que el momento termine.


2.-Vean una película.

Coméntala con ellos. Te asombrarás de lo que tus hijos ven y de lo que interpretan. En adelante tendrán otro tema en común.


3.-Cocinen juntos.

Busca una receta sencilla que puedan hacer para convidar a la familia. La complicidad en la cocina es algo mágico Haz de esto todo un evento. Un delantal para cada uno puede enriquecer la experiencia.


4.- Habla de tu infancia con ellos.

Cuéntales cuando tenías su edad, cuando tus papás te regañaban. Háblale de tus miedos y tus ilusiones. Se siente muy bonito descubrir en tus padres son también seres humanos como tú.


5.-Creen un idioma con claves secretas.

Puede ser unas señas o claves de espías, que solo conocen ustedes . La intriga y descontrol del resto de la familia es parte de la diversión.


6.-Hagan una buena obra.

Escojan algunos juguetes de casa, límpienlos y arréglenlos para darlos a otros niños. Sacrifiquen un placer o un dulce por darlo a otros

El altruismo solo se aprende con el ejemplo y viviendo la satisfacción que logra en uno mismo.


7.-Disfrácense.

Saca a tu niño interior y compártelo con tus hijos. Cualquier ocasión es buena para disfrazarse y unos simples lentes o un sombrero pueden lograr el efecto que se busca


8.-Siembren una planta.

Cuídenla y abónenla solo ustedes. Dividan la responsabilidad de cuidarla


9.-Ensúciense un día.

Es increíble la capacidad terapéutica que puede tener el simple hecho de ensuciarse de lodo o pintarse la cara. El embarrarse merengue o batirse con pintura. “Una vez al año no hace daño” y puede ser uno de los mejores recuerdos del que seguirán hablando por años.


10.-Hagan un campamento con cojines y sabanas.

Con los cojines de un sillón se puede hacer la mejor “guarida” y si además mamá también se esconde, el juego es doblemente divertido.


Como ves, las vacaciones no tienen que significar gastos o cursos de verano. Con un poco de ánimo y muy buena actitud, estas vacaciones quedarán para siempre dentro de los mejores recuerdos de tus hijos.

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