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  • Psic. Julia Borbolla

Regreso a clases ¿Cómo lo viven los niños?

Empieza un nuevo ciclo escolar y eso puede significar que se renuevan momentos maravillosos o bien conflictos no resueltos. 


Para muchos niños las vacaciones son muy largas. Cuando todavía faltan una o dos semanas ya quieren volver a clases para ver a sus amigos, para dejar de aburrirse en casa o para contarles a todos las maravillosas vacaciones que pasaron. Para otros las vacaciones se les fueron muy rápido y sufren pensando que cada día falta menos para regresar. 


En ambos casos se puede considerar normal el que los niños quieran o no regresar a clases. Un nuevo ciclo significa para ellos dudas naturales, temor a lo diferente o a lo nuevo y también ilusiones. 


No debemos alarmarnos si eventualmente nuestros hijos se muestran nerviosos o irritables y se quejan de no poder dormir bien cuando se acerca el momento. Lo cierto es que a la mayoría de los niños debe darles gusto estrenar cuadernos y subir de grado. Su mundo social radica en la escuela y, aunque extrañarán a los primos o a los vecinos, siempre estarán felices de volver a ver a sus compañeros. Si el regreso a clase genera una reacción negativa muy marcada en tu hijo, debes considerarla un signo de alerta para tomar medidas. 


En cada escuela podemos encontrar historias de todo tipo. ¿Cual es la de tu hijo? La forma en la que los niños ven el regreso a clases no tiene que ver con su realidad sino con la forma como han aprendido a manejarla, y también con lo que les demanda su ambiente escolar.

 

Hay escuelas en donde los niños compiten por “tener” más que por “ser” y en estos casos el regreso a clases significa llegar con el último grito de la moda en tenis o en mochilas y traer la mejor reseña de unas vacaciones espectaculares. Hay otros colegios en donde los niños compiten por “ser” más que por “tener” y en estos casos lo importante es con qué niños les tocó en el salón, quien será la maestra y que tan difícil estará la competencia para sacarse el primer lugar o ser el líder en los juegos. 


En ambos casos, si la familia se encuentra en la misma “sintonía”, el pequeño no presentará ningún conflicto aparente; pues mamá irá en busca de todo lo necesario para estar a la “altura” o bien intervendrá para que pongan a su niño en el grupo indicado. 


¿Qué pasa cuando ni siquiera sabes en que consiste la competencia escolar? ¿Qué pasa cuando notas que tu hijo o hija se pone mas nervioso conforme se acerca el día y no tienes la menor idea de lo que pasa por su cabecita? O bien, ¿Qué pasa cuando no puedes resolver el problema de “ser” o de “tener”? 


Siempre he creído que los problemas nos ofrecen muchas oportunidades de mejorar, de hacer un alto en el camino y poner en la mesa muchas cosas que tal vez habíamos pasado por alto en otras ocasiones. Si tu hijo o hija están viviendo el regreso a clases como un momento difícil en su vida, significa que algo debe cambiar. 


No se trata de cambiar de escuela a estas alturas y buscar esa escuela “ideal” que hasta hoy nadie conoce. Se trata de parar las antenas para ver si ocurre algo: 


1) CAMBIOS DE HUMOR AL ENTRAR DE NUEVO A CLASES: Si tu hijo ha estado de buen humor en vacaciones y comienza a irritarse con el tema de regresar a clases, significa que hay un problema no resuelto desde el año anterior que hay que abordar desde ahora. Tal vez, tú como mamá ya lo intuyes, pero pensaste que no era tan importante. 


2) INSISTENCIA POR LLEVAR LA MEJOR MOCHILA O LOS MEJORES TENIS: la solución no esta cumplirle todos sus caprichos; sino en ayudar a tu hijo a voltear la mirada a todo lo que tiene y que no se compra en una tienda. La familia, los amigos, la armonía o la capacidad para disfrutar. Muchos padres de familia han caído en el juego de las competencias materiales por “proteger” a sus hijos y lo único que han logrado es acrecentar el problema y confundir a los niños. Si se unen dos o tres madres valientes que no se intimiden por el “qué dirán”, es posible que se les unan otras más, sobre todo en estos tiempos de crisis en que no se puede gastar en cosas superficiales. He visto con gusto que esta “resistencia civil” contra el materialismo y las marcas ha dado maravillosos resultados en muchas escuelas, sobre todo cuando toda la comunidad educativa se va uniendo. 


3) NERVIOSISMO E IDEAS DE FRACASO “NO VOY A PODER” la solución no esta en decirle al niño que es maravilloso y que no les haga caso a los demás; sino en ayudarlo a encontrar sus fortalezas y enfocarse en ellas más que en sus debilidades. En planear sus nuevas estrategias para competir consigo mismo en vez de pretender hacerlo con los demás. Nadie puede ganarle al otro si no se ha vencido a si mismo. Muchas mamás queremos “barrerles” el camino social a nuestros hijos sin darnos cuenta que empeoramos la situación. El famoso “Bullying” no es otra cosa que la intervención de los adultos en los problemas escolares de los niños que antes se resolvían solo a nivel infantil y no alcanzaban tal intensidad. 


Es importante mantener una sana distancia con la escuela. Presentarse con los maestros y ponerlos al tanto de alguna de estas observaciones, no para resolverla sino para tenerla en cuenta y apoyar al niño en su tarea de solucionarlo. 


También te recomiendo hacer un frente común con otros padres de familia, para favorecer una competencia sana, productiva y no aplastante para los niños. Para propiciar un ambiente escolar agradable, ligero y sobre todo propicio para que tus hijos perciban la escuela como un espacio en donde quieran estar. 


Evitar los comentarios negativos hacia las autoridades escolares, los maestros o las familias. Si no hay concordancia entre las figuras de autoridad paternas y las escolares, se establece una lucha de poderes en la que el alumno resulta el más perjudicado. Si hay cuestiones que nos desagradan debemos comunicarlas a las personas que pueden arreglarlas y si no las hay será mejor tolerar. 


Los padres de familia tenemos una gran influencia en el concepto que nuestros hijos tienen de lo que significa estudiar y asistir a un lugar para tal propósito. No debemos olvidar que en las escuelas de nuestros hijos nosotros somos los clientes y podemos exigir lo que se nos ofreció; pero también debemos cooperar y participar de los valores que nosotros mismos exigimos a la institución. Este regreso a clases puede significar un regreso a los valores que creíamos perdidos. Todo depende de que cada quién busque la parte que le corresponde y no se canse de trabajar en ella el resto del ciclo escolar.

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