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  • Psic. Julia Borbolla

Niños y Mascotas: Un asunto de responsabilidad

“Mamá quiero un perro”, es una de las primeras peticiones que a algunas mamás les pone los pelos de punta y a otras las llena de ilusión.


¿Qué significa una mascota en la vida de un niño?

La respuesta tiene que ver con el concepto que sus padres tengan del contacto con los animales. Hay papás a los que les urge llegar con un gatito a casa porque ellos mismos lo desean, porque tal vez en su niñez no lo tuvieron o bien, porque están acostumbrados a convivir con animales y les parece de lo mas normal que sus hijos continúen con esa costumbre.


La mayoría de las veces, cuando papá o mamá promueven la presencia de una mascota, los niños se desentienden del asunto y no toman iniciativa para cuidarla.


Por otro lado, hay niños que piden una mascota y sus papás rezan para que desistan de su idea, porque piensan en la suciedad, las pulgas, las vacunas y las alfombras rotas que el animalito traerá.


Hay un tercer caso, el de esos niños que ni tienen ni piden una mascota; pero la necesitan.

Sea cual fuere la situación, la verdad es que la convivencia de los niños con los animales ha sido siempre benéfica, sobre todo si este animal resulta estar bajo su cuidado. Los niños que se hacen cargo de un animal desarrollan su sentido de responsabilidad y a la vez desarrollan un carácter más abierto y receptivo.


Los niños que están cerca de los animales, entienden muchos aspectos naturales de la vida a través de ellos, como la reproductividad, la alimentación, la vida y la muerte.


Nosotros, en las clínicas, realizamos un taller de “Huellas” que consiste en que los niños se conviertan en “entrenadores” de un perro noble que esta súper entrenado; pero que se hace el “inocente” frente a ellos para que vivan la gran satisfacción de pensar que lograron que los obedeciera.


Esta terapia hace que los niños reflexionen sobre lo difícil que es controlar la conducta de otro ser vivo, el reto que es lograr que te obedezcan y al mismo tiempo, la gran satisfacción de estar un escalafón por encima, pues en la díada perro-niño, la jerarquía superior la disfruta el niño con todo lo que eso implica.


Esta terapia y muchas otras que existen con animales, nos recuerdan que éstos son grandes maestros de los niños; sin embargo, pueden convertirse una pesadilla para los padres si no saben manejarlos.


Por lo anterior es importante que tomemos en cuenta varios aspectos antes de decidir la entrada de un animal a casa.


¿Para qué quiere un niño una mascota?

Debemos averiguar si el niño quiere un “juguete”, una compañía, un receptor de afecto o alguien a quien mandar.


Si solo quiere un juguete, la mascota no es opción. Lo primero que debe saber un niño es que los animales son seres vivos, que sienten y que merecen cuidados todo el tiempo y no solo cuando queremos atenderlos.


Esta es la premisa básica que nos marca cuando un pequeño esta listo para tener una mascota.


Tal vez, lo que quiere es un compañero de juegos o alguien que duerma con él y esto toma ya otro significado. Hay niños que sueñan que su perro o su gato serán amigos inseparables que llegarán a casa sabiendo obedecer.


Las mascotas implican trabajo y paciencia: Dos elementos que mamá debe tener primero para luego transmitirla a los niños. Los animalitos necesitan recibir, para después dar.


Hay que estar atentos para que nuestros niños no desfoguen sus anhelos de poder sobre sus mascotas y se tornen crueles al entrenarlos.


Si entendemos las razones por las que nuestro hijo o hija piden una mascota, sabremos qué tipo de mascota debemos darle.


La edad de los niños también determina el animal adecuado, pues si son muy pequeños no podrán hacerse cargo de un perro o un gato; pero si podrán darle de comer a un pez y cambiar el agua de la pecera con ayuda de papá sin mayor problema.


Aquellos niños que buscan afecto no deberán tener un gato, por ejemplo, porque este tipo de felinos no siempre desean estar cerca de las personas y más bien se apegan a los espacios. Tampoco es buena opción una tortuga porque no se interrelaciona de ninguna manera con su dueño.


Yo siempre recomiendo un perro para los hijos únicos, porque les permite la experiencia de compartir, de tolerar y al mismo tiempo les sirve de gran compañía. Los perros expresan cariño, reconocen a su dueño y lo gratifican con su conducta.


¿Qué necesidades tendrá el animal?

Las mamás, antes que nada debemos informarnos del espacio que requerirá la mascota elegida, la alimentación, los cuidados y el comportamiento o instinto. Pensar en los riesgos y en las rutinas familiares para coordinarlas con el cuidado que requerirá.


¿Qué responsabilidades le corresponden al niño?

El primer requisito para darle a un niño una mascota es que se haga responsable de ella, de otra manera la experiencia no solo es estéril sino que puede tornarse en negativa. Para que quede bien claro te sugiero que se haga un “contrato” por escrito en donde se detalle que le toca a cada quien.


Cada niño, de acuerdo a su edad debe hacerse cargo de la alimentación y limpieza del animal y si es mayorcito deberá también estar al tanto de las vacunas. Si mamá acaba siendo la nana de la mascota las cosas no resultarán bien.


Puede ser un cuidado parcial; pero nunca “simbólico” es decir, no debemos simular que el niño alimenta o limpia a la mascota sino favorecer que lo haga de verdad y que viva la experiencia tal y como se presenta, pues de otra manera creerá que mantener la vida de un ser es más sencillo de lo que en verdad es.


¿Y si pierde el interés?

Puede pasar que la mascota “pase de moda” y el niño ya no quiera cuidar de ella. Cuando esto ocurre hay que replantearse la conveniencia de mantener al animal en casa con todo lo que implica decirle adiós. Para evitar esto es muy importante ir de menos a más, es decir empezar por una tortuga que no demanda muchos cuidados e ir aumentando conforme veamos que los niños aceptan las tareas. Cuanto más hayan deseado la mascota, mejor la cuidarán.


Una mascota compartida por los hermanos es un buen pretexto para unirlos, para que entre ellos aprendan a negociar y a compartir funciones.


Antes de los 3 años no podemos esperar que un pequeño se haga cargo de alguien más. A partir de los 3 años podrá ayudar con una mascota pequeña como un hamster o una tortuga.


Para pensar en un perro es conveniente esperar a los 6 o 7 años, pues es cuando realmente podrán comprender los cuidados que requiere y el manejo que deberá dársele.


¿Y si la mascota muere?

Siempre es difícil enfrentar el concepto de muerte en los niños; sin embargo, la muerte de una mascota es una aproximación sucesiva a algo que inevitablemente experimentaran. No debemos ocultar que esto sucedió. Los niños deben asumir esta realidad y vivir el hecho de sepultar a su mascota, despedirse de ella y conocer las causas por las que falleció.

Los animales, como ya dijimos al principio son grandes maestros, que sin hablar, dan lecciones de vida a nuestros hijos y nosotros, debemos favorecer que las reciban aunque para ello tengamos que vivir una que otra incomodidad.


Si tu hijo o hija ha pedido tener una mascota más de dos veces, no desatiendas su petición, considérala seriamente porque puede ser una experiencia muy enriquecedora en la vida de tu hijo.


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