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  • Psic. Julia Borbolla

Creatividad y resiliencia

Cuando hablamos de niños, invariablemente nos referimos a estos dos aspectos: La Creatividad y la Resiliencia: La primera que implica usar la imaginación para crear algo nuevo, para hacer las cosas de diferente forma, para inventar, y la segunda que significa superar los obstáculos y sacar provecho de la adversidad. Yo diría que ambas son innatas, y los adultos con la mejor intensión, finalmente nos encargamos de entorpecerlas.


Un niño es creativo, porque dibuja libremente sin pensar si los elefantes son azules o deben ser grises, un niño es resiliente porque se tropieza y se levanta para seguir jugando y solo se acuerda del dolor de panza cuando finaliza el día y lo quieren mandar a dormir.


La vida de los niños esta impregnada de actos creativos, de frases ocurrentes de libertad para decir lo que piensan y sienten y también esta llena de actos de valentía que pocos reconocen, como es el hecho de enfrentarse a un mundo en donde todo esta a la escala de los adultos, en donde son esos “grandotes” los que mandan y no te dejan comer galletas antes de la cena.


La creatividad es un término que todos conocemos y manejamos; pero no ocurre lo mismo con la resiliencia. Ésta cualidad, la conocemos bien aunque no con esa palabra. Podemos palparla en muchas personas que conocemos y que, de manera natural, sin siquiera analizarlo, reaccionan ante la adversidad con sentido positivo y al final hasta le sacan provecho. Por ejemplo:


Dos personas pueden haber sufrido la muerte de un hijo; sin embargo, una de ellas sale adelante y además crea una fundación para ayudar a otros niños y la otra persona se hunde en la depresión. ¿En dónde radica la diferencia entre ellas? Precisamente en la capacidad de resiliencia que la primera tiene y la segunda no.


¿Cómo podemos reforzar en nuestros hijos la resiliencia?


Proporcionándoles 4 elementos fundamentales: Amor, Cuidado, Adversidad y Exigencia.

Los dos primeros elementos nos salen muy bien. Aún antes de que nazcan los queremos y en mayor o menor medida nuestro instinto nos lleva a cuidarlos; sin embargo nos resulta muy difícil permitir que vivan adversidades y exigencias.


Hoy en día, encontramos padres mucho más permisivos y consentidores que antes y esto, lejos de beneficiarlos hace que los niños sufran más cuando ya no están bajo la tutela de sus padres.


Los seres humanos hemos sido resilientes, nos hemos tenido que adaptar al medio y hemos crecido en el esfuerzo; por lo tanto, los niños son quienes tienen más fresca esta capacidad y la ejercen de manera natural.


Somos los adultos, sus padres y maestros, quienes podemos, aun sin pretenderlo, fomentar o bloquear estas características tan importantes para su vida futura.


¿Cómo bloqueamos la creatividad en un niño? Dándole todo hecho, poniéndole muchos lineamientos para hacer las cosas, “aterrizándolo” cada vez que quiera soñar, impidiendo que juegue libremente.


¿Cómo bloqueamos la resiliencia? Dándoles más de lo que piden, librándolos de todo tipo de adversidad, evitándoles pequeños sufrimientos que los hagan fuertes y los obliguen a resolver.


Muchas veces, aunque nuestro amor a los niños sea inmenso, no resulta positivo para ellos. No se trata solo de “disfrutar” a los hijos, sino de ayudarlos a crecer para que nos superen. Esto, aunque parece complicado es muy sencillo. Un simple envase de plástico nos puede ayudar. La receta es muy sencilla: Se requiere un niño, un poco de aburrimiento y ningún juguete complicado a la mano, (de esos que juegan solos.) Añádele varios materiales reciclables y la certeza de que por un par de horas no habrá más que hacer. Si a esta receta le agregas un poco de tu presencia, el resultado será maravilloso. De esa pila de material pueden salir barcos, casitas, murallas y ¡hasta castillos! Con la ventaja de que el niño aprende a usar su tiempo libre, su creatividad y sobre todo, a darse cuenta de que no necesitas “tener” para “ser”. Que la diversión viene de nuestro interior, ese interior que se siente satisfecho con lo que ha creado y nuevamente motivado para seguir.


Los niños del S.XXI tienen que defender más que otros estas dos cualidades en su vida, porque los nuevos tiempos nos los dan todo digerido, nos saturan de productos y hacen que se nos olvide que nos podemos divertir sin necesidad de la electrónica.

Las grandes ideas han surgido de momentos de ocio, de reflexiones en soledad, de regresar a lo básico, de estar en contacto con la naturaleza, y aunque se escuche raro, simplemente; dejar de pensar.


No se trata de ir en contra de la modernidad, ni de privar a nuestros hijos de los avances de la época en la que les tocó vivir. Se trata de tener todo eso sin perder lo otro; de fomentarles que busquen nuevos recursos internos. Aquí entra la creatividad, si somos creativos, podemos encontrar diferentes soluciones para un mismo problema.


A veces, una buena dosis de creatividad y resiliencia se da permitiendo que sean los niños los que busquen y encuentren algo que hacer con lo que tienen a la mano. Al principio no habrá resultados porque, como todo en la vida, se requiere práctica; pero con un poco de guía, como lo hacen las maestras de preescolar , las mamás o las abuelas creativas, los niños sabrán que con un bloque de plástico se pueden divertir por horas.


Este tipo de ejercicios de “austeridad” resultan más enriquecedores que aquellos momentos en los que los niños se aturden con la “tiranía de la abundancia”.


¿Qué tan creativo es tu hijo? ¿Qué tan hábil es para resolver problemas? Recuerda que siempre estamos a tiempo de apoyar a nuestros hijos con un poco de nuestro tiempo combinado con aprendizaje divertido. Esta vez, para promover creatividad y resiliencia, el mensaje que debemos transmitir es que “menos es más”

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