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  • Psic. Julia Borbolla

¿Cómo ven los niños el matrimonio?

¿Te has preguntado alguna vez si tu hijo querrá casarse cuando sea grande? ¿Tendrá ganas de formar una familia aunque haya visto desbaratarse el matrimonio de sus propios padres, o de sus tíos, vecinos, y de los famosos del cine?


El divorcio hace 40 años era un hecho más lejano, menos probable en la vida de las familias.

Hoy un niño de 10 ó 12 años ha visto pasar frente a sus narices varios divorcios en su entorno que lo hace ser una experiencia cercana y muy probable en su vida.


La simple probabilidad lo convierte en una peligrosa opción futura “por si las cosas no van bien”.


Cuando se viven situaciones de dolor en una pareja es difícil tener pensamientos claros y objetivos. Se pierde el control interno y se crean situaciones en las que la pareja se lastima fuertemente.


Los pensamientos y sentimientos de los hijos de esa pareja se vuelven “tóxicos” porque el dolor también les llega junto con una gran sensación de impotencia. “¿Porqué no pueden perdonarse y ya? ¡Que papá le traiga flores a mamá y ella le dé un beso y que todo quede olvidado para seguir viviendo como antes!


Cuando estos niños creían que las cosas se podían solucionar fácilmente, descubren que no y pueden empezar a aplicar este mismo pensamiento en los demás problemas de su vida.

Muchas veces, los peores ejemplos resultan ser sus propios padres.


Si tus niños viven el divorcio como hijos procura que no lo vivan como pareja. Háblales bien del matrimonio y resalta su gran valor aunque tu no hayas tenido suerte. Explícales, aunque te duela que el divorcio es un fracaso en un proyecto de vida y que resulta tan doloroso que debe evitarse a toda costa.


Muchos niños dicen que no se quieren casar nunca porque las personas casadas se llevan mal, se ven tristes o aburridas.


Muchos jóvenes le tienen tanto miedo al compromiso y a la serie de renuncias que implica pasar del “mi” al “nosotros” y la verdad, tienen tan pocos ejemplos de cómo superarlo que tristemente están condenados a fracasar en su vida de pareja.


Los matrimonios que se conservan deben dar testimonio de alegría y amor, es como un deber no solo ante sus propios hijos sino ante las nuevas generaciones y quienes se han divorciado también deben dar testimonio de fuerza y superación pero añadiendo la “moraleja” de que el divorcio no es una solución sino una muy dura experiencia cuando ya no queda ni un solo recurso.


Los niños deben saber que los hombres y las mujeres casados pelean sin que por ello se divorcien:

Por el simple hecho de convivir, así como ellos se pelean con sus hermanos. ¿Desearías que tu hermana se fuera a vivir a otra casa y ya no tener nada que ver con ella? Le pregunté a Eduardo, quien tenía pánico de que sus papás se divorciaran porque habían peleado el domingo pasado. “¡No!”- Contestó enfáticamente. “Claro que no” – le dije- “porque la quieres. Lo mismo ocurre entre tus papás, ellos se aman y esa es la clave para permanecer juntos y para que valga la pena luchar y aguantar esos malos humores”


Evita que los niños consideren al matrimonio como algo muy frágil:

El matrimonio es un contrato serio, ante un juez, ante la sociedad y en muchos casos ante un Dios, por eso no puede romperse al primer disgusto. Es como un negocio al que se le ha invertido mucho dinero que no se dejaría perder así como así.


Los niños deben saber que el matrimonio contiene muchas riquezas:

Como compartir un proyecto de vida con alguien y juntos disfrutar los triunfos y apoyarse en los fracasos. Explícales que una de las mayores riquezas del matrimonio son precisamente los hijos y la familia que con ellos se forma.

Si ya no estas casado, dile a tu hijo que él es el mejor fruto de haber contraído matrimonio y por ese solo hecho valió mucho la pena.


Diles que los papás NO se divorcian por culpa de los hijos:

Aunque hagan travesuras o saquen malas calificaciones, que el amor no es tan frágil para eso. Los matrimonios terminan como termina la vida de un plantita a la que nadie riega.


Diles que la decisión de vivir en pareja es producto de nuestra libertad y no un yugo que te atrapa:

Resulta un gran privilegio el hecho de compartir la vida con alguien, saber que alguien te espera, que alguien te cuida o lo puedes cuidar, en fin, que no estas solo en la vida.

Recuerdo que una noche veía con mi hija pequeña un programa de televisión en el cual un matrimonio peleaba constantemente; al ver su carita de asombro y su total atención a lo que sucedía le comenté tratando de aprovechar la ocasión para “mis cátedras de mamá”: “Que mal esta esto de pelear, ¿no lo crees? ¿Qué deberían hacer esos señores?


Mi hija, con 5 años de edad y toda la seguridad en sus palabras me contestó: “Hay mamá, es claro, ellos deben divorciarse!!”. En ese momento me di cuenta que el divorcio era para ella un recurso más cercano y común que el hecho de solucionar diferencias o hacer esfuerzos por cambiar y adaptarse. En sus escasos cinco años de existencia había visto escenificada muchas más veces esa solución que las otras dos. Eso es lo que la sociedad en la que vive le había enseñado y sin darse cuenta lo estaba asimilando muy bien.


“Los papás que pelean deben intentar todo para arreglar sus problemas”- Le respondí- Ella me preguntó, olvidándose ya de voltear a la televisión- “¿Entonces los papás de Susy mi amiga están mal? ellos ya se divorciaron”. Fue entonces cuando le expliqué que algunas personas lo intentaban con todas sus fuerzas pero no lo lograban y era para ellas mejor vivir separadas que haciéndose daño todo el tiempo.


Los niños de hoy no tienen, “vacuna contra el divorcio”, al contrario, a diario reciben dosis de desintegración familiar. Si estas casado y el “arroz se te quema muy seguido” busca soluciones, inventa estrategias, lee, pregunta, resuelve, haz todo lo posible por lograrlo porque tu familia es la mayor inversión de tu vida.


Enseña a tus hijos y piensa tu mismo que tu hogar es la empresa más importante de tu vida y si cualquiera es capaz de sacrificar muchas cosas por sacar adelante un negocio, con más razón debería hacerlo por su propia vida.

Si a pesar de todo no lo lograste y estas separada del padre de tus hijos, reinicia tu búsqueda de soluciones para que esta nueva situación los afecte lo menos posible, y ellos queden vacunados para no repetir esta solución cuando sean mayores.


Hoy en día, pagamos por tomar agua y caminamos en unas bandas sin fin para mover las piernas. Esta de moda que los niños reciban clases de “valores” en las escuelas y los adultos cursen diplomados de superación e inteligencia emocional.


A nuestros abuelos no les costaba el agua, caminaban para ir al trabajo o al parque y recibían clases de valores, de superación y de inteligencia emocional a través del testimonio de sus propios padres, de una sociedad menos contaminada y de sus experiencias en una vida sencilla y mucho menos sofisticada que la nuestra.


Si hoy las cosas son distintas y la conducta de los adultos no resulta ser una buena cátedra, entonces tendremos que darles a los niños “clases de madurez, equidad y entrega”. Darles mensajes directos que les abran los ojos a otras opciones diferentes a las que han visto.

Si bien es necesario “desempolvar” el concepto de lo que es un matrimonio, también es preciso quedarnos con los principios básicos que aún funcionan en muchas parejas.


El mensaje más importante para los niños debe ser: Un matrimonio feliz no es cuestión de “suerte” sino de trabajo y disposición de ambos.

No se trata de un vuelo en el que uno es el piloto y el otro es un pasajero en el asiento de atrás, sino de una tripulación compuesta por piloto y copiloto indistintamente. Ambos pueden tomar el control, ambos asumen la misma responsabilidad y de su pericia y coordinación depende sus propias vidas y las de sus “pasajeros”.


Debemos aclararles que el matrimonio no existe como tal sino a través de signos y símbolos, de detalles, de gestos y de tolerancias. Todos estos elementos no vienen en “paquete” porque son perecederos. Es necesario elaborarlos frescos cada día.


Hacerles ver que la vida en pareja es una realidad humana que sirve para unir, crear y crecer.

Los hombres y las mujeres nacimos para vivir acompañándonos, así como los juguetes se hicieron para que los niños jueguen con ellos.


Yo les explico así a los niños: ¿Te imaginas lo triste que debe estar un juguete en el aparador de la tienda? Tal vez ni siquiera sepa que es un juguete hasta que un niño lo compra y lo “activa”. Entonces se pone feliz porque se da cuenta de que sirve para algo y que posee la fuerza de sacar a flote las sonrisas de ese niño. Lo mismo siente una persona sola cuando encuentra alguien que lo quiera y lo necesite. Entonces también se sale de su “aparador” para unirse al otro y hacerlo feliz. Tanto la persona como el juguete han cumplido con su tarea y gracias a ello saben quienes son y para qué sirven.


Diles a tus hijos que los hombres servimos para muchas cosas; pero principalmente servimos para amar, porque esta función nos la otorgaron en exclusiva.

El pájaro puede cantar o chiflar como nosotros, el tigre atacar y el león dominar, como lo hacemos tantas veces los seres humanos; hasta una computadora sabe leer y procesar datos; sin embargo nadie más que nosotros podemos amar.


“El amor del que le hables a los niños, el amor que les demuestres y el amor que te hizo luchar, es el mismo que actualizará al matrimonio, que lo enriquecerá, lo hará fuerte y profundo, es el que se hará cargo de protegerlo de su rutina y sus tentaciones y así logrará sanarlo de la “Divorcitis” (Fragmento del libro:”Sin Dañar a Terceros” de Julia Borbolla)

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