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  • Psic. Julia Borbolla

¿A quién imitan nuestros hijos?

Cuando un niño nace su organismo no está listo para funcionar plenamente. Su cerebro y su cuerpo en general tienen muchas horas de trabajo por delante para aprender y la base de todo aprendizaje es la imitación.


Mamá y papá son las principales referencias que un niño toma para imitar y aprender; sin embargo, los padres no tenemos la exclusividad. Mamá puede enseñarle a su hija a decir gracias y adiós y decirle que es una princesita; pero cuando esa niña llega al preescolar, los demás pequeños le enseñan a golpear y la pueden hacer sentir tonta si le dicen “No puedes dibujar bien” Resulta entonces que a la flamante princesita se le cae la corona de golpe.


¿Quién soy en realidad?- se preguntará la niña- ¿La princesa que dice mi mamá o la tonta que no sabe dibujar? Así empieza un camino llamado: Búsqueda de la propia identidad. En esta búsqueda se van probando roles para ver cuales le salen mejor y cuales les agradan a los demás. Este camino dura más de veinte años y no es sencillo.

  • En la primera infancia La niña toma su muñeca y juega a ser “mamá” y el niño a ser “papá” tal vez simulando que lee el periódico o intentando cargar un portafolio. También imitan a los abuelos, a los tíos y en especial a los niños mayores, como los hermanos o los primos que pueden hacer cosas que él o ella todavía no logra.

  • En la edad escolar parecen unas “aspiradoras”, repiten todo lo que escuchan, copian a otros niños y la figura más importante de referencia es su maestro. ¿Qué niña no ha jugado a la escuelita? Cuando toman ese papel podemos saber que tan enérgica o dulce es la “miss”. Sin embargo, los niños tienen a su alcance muchos modelos más que no dependen de nosotros; modelos de la televisión, del cine, de la mercadotecnia, etc. Estos modelos persiguen un solo fin: vender y lo logran tan bien, que nuestros hijos se identifican de inmediato con ellos, quieren los juguetes, los disfraces, las estampas y todo lo relacionado con sus personajes favoritos.

La fortaleza de estos modelos de identificación radica en 3 puntos básicos:

  1. Se mantienen presentes constantemente.

  2. Hay para todas las edades y

  3. Se muestran muy atractivos.

Superman lo puede todo y además es bueno y guapo. Las princesas son ricas, bonitas y tienen siempre un príncipe a sus pies.


¿Qué pasa con papá y mamá? ¿Se mantienen presentes constantemente? ¿Se adaptan a cada edad? ¿Son guapos poderosos y ricos?


Como podrás ver, la competencia es muy dura y aunque nuestra fuerza es indiscutible, esta fortaleza puede ser también nuestra peor enemiga porque un mal ejemplo queda marcado en sus vidas.


Muchos niños que veo en el consultorio dicen que no quieren crecer. “Ser papá es difícil porque tienes que ir a trabajar y no te gusta” – me dicen los niños- “Las mamás siempre están cansadas y gritan”- comentan algunas niñas. Los niños compran lo que los papás les vendemos y la manera como percibimos nuestros roles es transmitida tal cual.


Si a todo lo anterior le añadimos que las caricaturas violentas les ponen muchos ejemplos y en los juegos de video se vale matar o destruir ciudades, la situación es francamente preocupante. Después de varias horas frente a la televisión, una niña puede bailar sensualmente en un tubo sin saber lo que eso implica y lo peor de todo es que nos parece muy gracioso.


¿QUE DEBEMOS HACER? Es la pregunta que surge cuando nos damos cuenta de las grandes influencias que reciben nuestros hijos y sabemos que muchas de ellas no deben ser imitadas. ¿Qué hacer cuando no queremos que nuestros adolescentes se parezcan a esas actrices que escandalizan y a esos ídolos superficiales? ¿Cómo contrarrestar esos modelos que no tienen nada que ver con lo que nosotros les enseñamos? Muchos de ellos muestran conceptos opuestos a lo que nosotros consideramos valioso e importante en la vida.

La respuesta es muy sencilla: Sigue los tres puntos básicos que usa “La competencia”.


MANTENTE PRESENTE: Esta presencia no se refiere solamente a estar con tus hijos físicamente, sino emocionalmente. Hay mamás que no pueden ver a sus hijos todo lo que quisieran y no solo se preocupan sino que se sienten culpables. Ellas pueden hacerles una breve llamada por la tarde, ponerles debajo de su almohada un dulce, la estampa que le falta del álbum o simplemente un recadito cariñoso. La presencia tiene que ver con la calidad del tiempo que les dedicamos, con identificar los eventos importantes en su vida y con tener el valor de defender esos momentos ante las presiones de los demás o con los valores que están por debajo de nuestro papel de madres.


ADAPTATE A SU EDAD: Tenemos que ser mamás coherentes con la edad de nuestros hijos. Saber en que etapa están, que les interesa; pero sobre todo qué y cómo entienden. Muchas veces les aventamos un “choro mareador” que ni siquiera comprenden o bien los menospreciamos pensando que son muy pequeños para captar las cosas.


Las reglas de casa deben estar a su nivel. Lo que les pedimos y les damos debe estar de acuerdo con su edad y las diversiones que compartimos deben dirigirse a sus intereses y no con los nuestros. Es muy gratificante tener una mamá a la medida y nosotros tenemos la capacidad de serlo aunque tengamos varios hijos.


MUESTRATE ATRACTIVA: ¿Te consideras una mamá digna de imitar? ¿Crees que al verte tu hija desearía ser esposa y madre? Estas son preguntas fuertes pero necesarias de vez en cuando para rectificar el camino, para recobrar la sonrisa que tenías cuando tus hijos eran unos bebecitos y les hablabas con dulzura. Ser autoridad no significa estar enojada. Ser mamá no significa ocultar a tu niña interior que puede cantar, bromear y ser feliz con pequeñas cosas. Aunque no lo creas, para tus hijos pequeños tu eres más bonita que las princesas de los cuentos.


Hoy más que nunca, las mamás tenemos que ser modelos fuertes y solventes para nuestros hijos porque la batalla con el resto de los modelos es dura y dispareja.


Hoy más que nunca tenemos que ver a quién imitan nuestros hijos y buscar en nuestro interior lo mejor que tengamos para que nuestro ejemplo sea más atractivo.


Esta tarea tiene que hacerse pronto, porque al llegar a la adolescencia nuestra “popularidad” sufre un golpe aún mayor.


En esta etapa los modelos para imitar son mucho más poderosos; pero mamá ha dejado de ser la mujer mas bonita del mundo y ahora es vieja y tonta comparada con esas actrices, flacas, divertidas y “libres”.


Los adolescentes saben que les queda poco tiempo para definir su identidad y buscan con ansia descubrir en quién se quiere convertir.


Imitan sus conductas, su forma de vestir y hasta sus ideales y cuanto más distantes sean de los modelos llamados papá y mamá será mejor, pues se acerca la hora de ser independientes y parte de ese proceso es alejarse física y emocionalmente de la familia.

Hoy en día la competencia por la publicidad en los medios es tan fuerte que los artistas y deportistas y figuras públicas han decidido darle mucha más intensidad a su vida y por eso tocan los extremos para llamar la atención y en esa carrera feroz de excesos por ganarle a los otros, los únicos que pierden son nuestros hijos.


Si trabajamos en ser buenos modelos de identificación para nuestros hijos cuando son pequeños, seguramente, al pasar la difícil adolescencia regresarán a buscar todo aquello que sembramos en ellos con un buen ejemplo.

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